9.7.2013

¡Hola! Comparto entrevista que me hiciera sobre el tema el diario Ciudad Caracas, de Venezuela, en relación al nefasto papel divisionista que la Alianza del Pacífico cumple en el momento actual de América Latina y que impidió, gracias a la indigna capitulación de Ollanta Humala (quien en su carácter de presidente pro tempore de la UNASUR era quien debía convocar a una cumbre de presidentes) que la misma tuviera efecto. Lo que hubo fue un Encuentro de Presidentes, que reaccionaron con valentía ante la agresión perpetrada por Estados Unidos a través de sus peones europeos. No sólo faltaron los tres presidentes sudamericanos de la AP (Santos, Piñera y Humala) sino también hizo lo propio Dilma Rousseff, señalando  con este gesto una vez más la tradicional ambivalencia de Brasilia en relación a la integración de América Latina. Paraguay no fue invitado a la reunión, aún suspendido hasta la asunción del nuevo presidente, y Guyana se excusó por no poder asistir. Participaron en cambio los jefes de estado de Argentina, Bolivia, Ecuador,  Surinam, Uruguay y Venezuela.

Estados Unidos y la
Alianza del Pacífico sabotearon la reunión de Cochabamba
ENTREVISTA
ATILIO BORÓN
PREMIO LIBERTADOR AL PENSAMIENTO CRÍTICO

Diario Ciudad Caracas, Venezuela, 8 de Julio de 2013

08/07/13.-Atilio Borón (Buenos Aires, 1943) acaba de ganar la
octava edición del Premio Libertador al Pensamiento Crítico que otorga el
Gobierno venezolano. Lo hizo con su obra América Latina en la geopolítica del
imperialismo. Pero este sociólogo y politólogo argentino también podría ganar
–si existiera– un premio al pensamiento ácido, en especial cuando escribe
artículos como uno de los más recientes en el que compara a Europa con la puta
de Babilonia, por la actitud de los gobiernos que le negaron acceso a su
espacio aéreo y sus aeropuertos al presidente de Bolivia Evo Morales. “Es un
episodio bíblico –explica– y se refiere a una mujer que se prostituyó con los
reyes de la Tierra”.
—Pese a todos los progresos, es obvio
que en América Latina sigue existiendo una mentalidad proimperialista muy
acendrada, al menos en sus estatus quo. Por ejemplo, la oligarquía colombiana
habla de pensar en grande cuando se refiere a la posibilidad de integrarse a la
OTAN. ¿Podrán las fuerzas progresistas superar el peso muerto de ese
pensamiento reaccionario?
—Soy optimista al respecto. Creo que
lentamente se ha logrado ir erosionando esa mentalidad proimperialista,
colonial, que durante mucho tiempo caracterizó a la opinión pública y a la
dirigencia política de América Latina. En ese sentido, pienso que es clave la
gran misión que llevó a cabo el presidente Hugo Chávez, quien levantó las
banderas que había enarbolado Fidel Castro en la década de los 60 y 70. El
papel de Chávez fue fundamental porque, por diversas razones, la influencia de
Cuba había decaído sensiblemente. Con el gobierno del presidente Chávez
comienza a producirse un cambio significativo y ahora, sin caer en
triunfalismos, podemos confiar en que, si seguimos trabajando a fondo, la
visión antiimperialista se va a arraigar en América Latina. De hecho, creo que
eso ya se aprecia. Por ejemplo, las opiniones con respecto a los presidentes
norteamericanos antes eran mayoritariamente admirativas, las élites políticas
latinoamericanas los presentaban como unos héroes. Ahora se aprecian unas
posturas mucho más críticas.
—Frente a la integración
latinoamericana-caribeña con enfoque antiimperialista, hay una respuesta de la
derecha con un bloque comercial, la Alianza del Pacífico, que ha comenzado a
cumplir funciones de contrapeso político a la Unión de Naciones de Suramérica
(Unasur), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y
la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). ¿Cómo vislumbra
usted el futuro de esa confrontación?
—Yo veo que la Alianza del Pacífico es
fundamentalmente una alianza político-militar, aunque se le pretenda presentar
como meramente económica. Su objetivo principal es erosionar el bloque de
países suramericanos y específicamente la Unasur. Eso lo acabamos de ver en la
reunión de Cochabamba, pues no participó ninguno de los presidentes de los tres
países de la Alianza (Colombia, Perú y Chile, que son miembros, junto a Costa
Rica y México). La ausencia de Perú tiene un agravante y es que ese país
desempeña la presidencia pro témpore de la Unasur y, por tanto, debió ser quien
convocara la reunión para discutir el caso de la violación a los derechos del
presidente Evo Morales. Ollanta Humala no ejerció su rol de presidente temporal
de la Unasur y cometió con ello una gravísima transgresión. Quedó demostrado
que su visión de los asuntos internacionales está subordinada a Washington. Lo
que debió ser una cumbre de presidentes de la Unasur se convirtió en apenas un
encuentro de algunos presidentes. Esto habla de la influencia perniciosa que la
Alianza del Pacífico ejerce sobre los procesos de integración de América
Latina. Estados Unidos no tolera esa integración, la considera lesiva para sus
intereses nacionales. La reunión de Cochabamba fue saboteada por Washington a
través de sus aliados en la región, tal como lo denunció, con otras palabras,
el presidente ecuatoriano Rafael Correa. Él se refería principalmente a Humala,
que estaba apenas a una hora de vuelo de Cochabamba, porque el presidente de
Colombia, (Juan Manuel) Santos, tenía la excusa de que se encontraba en Suiza.
La lógica de la Alianza del Pacífico es debilitar la integración de los pueblos
latinoamericanos y Humala cumplió con la orden directa de Washington. En cuanto
a (Sebastián) Piñera (presidente de Chile) no hay mucho que decir: él siempre
obedece las órdenes de Washington y nada más.
—¿El episodio del avión presidencial
boliviano es una advertencia acerca de hasta dónde están dispuestas a llegar
las fuerzas imperiales para demostrar quién manda en el mundo?
—Sí, es un mensaje mafioso, porque muy
bien pudieron negarle el plan de vuelo al avión del presidente Morales, pero lo
dejaron despegar para luego poner en peligro la seguridad de esa nave. Una cosa
es que a usted le adviertan en tierra que no lo van a dejar pasar por el
espacio aéreo de un país y otra, muy distinta, es que lo hagan cuando ya está
en el aire y se está quedando sin combustible. Eso demuestra el grado de la
preocupación que tiene EEUU de que el señor Edward Snowden cuente todas las
fechorías, crímenes, tropelías y delitos cometidos por la Agencia de Seguridad
Nacional. Por eso les dio la orden a las naciones de Europa de tratar así a Evo
Morales, causando una crisis internacional mayúscula, aunque hay que decir que
el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, no se ha dado por
enterado y no hizo ninguna declaración. Ese señor solo actúa cuando la Casa
Blanca se lo ordena. En este caso le dijeron que se quedara callado ante una
violación brutal de la soberanía.
—¿Qué importancia le otorga actualmente
la élite de Estados Unidos a América Latina? ¿La tesis del patio trasero ha
cambiado o se mantiene?
—Tienen un concepto muy complicado, una
mezcla de desprecio hacia nosotros y una irresistible atracción por nuestros
recursos naturales. Por una parte, nos consideran racial y moralmente
inferiores. Aunque se cuiden de decirlo, lo demuestran con su comportamiento.
Prevalece la tesis del patio trasero, algo feo, sucio, que es preferible que
nadie lo vea. Claro, que esta es la visión de la élite estadounidense, no la
del pueblo, que en última instancia es también víctima de la explotación de
esas élites. El Comandante Chávez siempre insistió en que hay que diferenciar
entre pueblo y gobierno. El salario mínimo de un trabajador de EEUU es hoy
igual al de 1979, hace 34 años que no se aumenta, mientras la clase dominante
se ha enriquecido como nunca. Esos trabajadores son aliados nuestros porque son
un pueblo explotado por la misma burguesía que explota al resto del mundo y que
si hubiera vida en Marte, también se las arreglarían para explotar a los
marcianos. En suma, nos desprecian, pero saben que la mayor reserva petrolera
del mundo está en Venezuela, y que 80% del litio, un mineral estratégico para
las telecomunicaciones, está en América Latina; y que la mitad de la
biodiversidad y del agua dulce está en América Latina.
NO AL PACHAMAMISMO
—Usted dice que en América Latina hay
un debate entre pachamamismo y extractivismo. ¿Cuál de los países cree usted
que ha manejado mejor el balance?
—Es difícil decirlo, aunque creo que
Venezuela, Ecuador y Bolivia han hecho un gran esfuerzo por lograr un justo
punto de equilibrio entre la defensa de la madre tierra (el pachamamismo), de
los recursos naturales y la necesidad que tenemos de aprovechar esos recursos.
El pachamamismo, en sus versiones más extremas, nos lleva de vuelta a la época
de las cavernas, porque tendríamos que dejar de producir electricidad y de
construir casas de ladrillo, por ejemplo. Es un planteo que no tiene ninguna
seriedad, algo retórico, efectista, que no enfrenta los problemas reales.
Tenemos casos como el de Ecuador, cuya población se duplica cada 25 años y si
no aprovecha los recursos de manera responsable y prudente, condena a esa
población a vivir en peores condiciones que las actuales. Lo mismo pasa con
Venezuela, que en 30 años tendrá más de 50 millones de habitantes y si no se
hace un uso racional de los recursos naturales, esa población estará sentenciada
de antemano. Yo rechazo la división que algunos compañeros de la corriente
pachamamista pretenden establecer entre la naturaleza y la sociedad. Yo creo
que la sociedad humana forma parte de la naturaleza y la salvación de la
naturaleza debe incluir la preservación de la sociedad humana. A veces se
plantea un debate muy injusto. Dicen que los gobiernos de Ecuador, Bolivia y
Venezuela son hipócritas porque hablan de revolución, pero siguen explotando el
petróleo, el gas, el litio… ¿Pero, qué
quieren que hagan, cómo atender los problemas de la gente más pobre sin tocar
esos recursos? Lo que se debe hacer es evitar la explotación capitalista, que
es predatoria y derrochadora, pero se pueden aprovechar los recursos para que
la población viva mejor.
LOS ENOJADOS BRASILEÑOS
—En su afán de control global, la élite
hegemónica ha creado nuevos mecanismos de supresión de gobiernos y liderazgos
nacionalistas, antiimperialistas, contrahegemónicos. Uno de ellos es atizar
rebeliones populares que comienzan en las capas medias y luego toman cuerpo
entre los pobres. Visto lo ocurrido en Brasil, ¿corren los gobiernos de
izquierda de Latinoamérica el riesgo de ser derrocados por sus propios pueblos?
—Lo de Brasil no es algo asimilable con
otras protestas, como por ejemplo las que ha habido en Argentina contra el
gobierno de Cristina. En primer lugar porque la composición social de los
manifestantes evidenciaba la presencia importante de sectores populares. No es
gente que quiera una vuelta a la derecha y el neoliberalismo, sino que estaban
realmente muy enojados por el hecho de que los grandes beneficiarios de la
gestión macroeconómica de los gobiernos tanto de Lula (Da Silva) como de Dilma
(Rousseff), han sido los bancos. Esto lo dijo el propio Lula, cuando lamentó
que el esfuerzo para que millones de personas salieran de la pobreza haya
significado también el enriquecimiento brutal de los bancos. Bueno, pues esa
gente que ahora tiene una situación un poquito mejor, ve cómo la mitad del
presupuesto nacional va al servicio de la deuda pública y enormes porciones se
están gastando en los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo. Eso produjo una
oleada de indignación que de alguna manera significa el inicio de un nuevo
ciclo de luchas populares. Pero esas luchas no tendrán como objetivo derrocar
al gobierno de Dilma, sino instarla a que avance por una vía más radical en
cuanto a la redistribución del ingreso, más control estatal sobre la actividad
económica, es decir, por una vía más parecida al fenómeno chavista que a los
gobiernos neoliberales.

Contra el consumismo, educación
Educación. Tal es la medicina que
Atilio Borón recomienda para el virus de la mentalidad capitalista que, a su
juicio, afecta muy especialmente a Venezuela.
El intelectual argentino ha estado
varias veces en el país y ha podido comprobar el conflicto existente entre las
ideas socialistas y nuestra tendencia al individualismo, el egoísmo y el
consumismo exacerbado.
“Eso se resuelve en un proceso de largo
plazo, basado en un intenso esfuerzo de educación popular -puntualiza-.
Venezuela es un país que ha estado sometido brutalmente a la hegemonía cultural
del imperialismo norteamericano. Yo diría que más que ningún otro y eso no se
puede cambiar de la noche a la mañana, se debe hacer lentamente, enseñándole a
la gente por qué el consumismo es, en realidad, un vicio y genera
contradicciones que perjudican a toda la sociedad”.
Borón cierra su reflexión en tono
anecdótico: “He visto en Caracas a compañeros que son genuinos revolucionarios,
pero están obsesionados por cambiar de teléfono celular cada seis meses y eso
demuestra lo acendrada que está la cultura del consumismo, incluso en cuadros
revolucionarios. Eso es comprensible porque ha habido, desde hace al menos cien
años, un proceso de adoctrinamiento mercantilista que promueve el consumo
desenfrenado. La salida es la educación de las clases populares… porque en el
caso de esos a los que Chávez llamaba los pitiyanquis, no hay nada que hacer,
esos son irrecuperables”.
¡Peligro!, imperio en decadencia
Con una licenciatura en Sociología de
la Universidad Católica de Buenos Aires, un máster en Ciencias Políticas por la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, de Santiago de Chile, y un
doctorado, también en Ciencias Políticas, por la Universidad de Harvard,
Estados Unidos, Atilio Borón ya tendría autoridad suficiente para opinar. Pero
más allá de sus títulos, lo autoriza su vida, porque ha sido un hombre
consecuente con sus ideas, que debió vivir en el exilio, en México, entre 1976
y 1984, la noche más oscura de su Argentina.
Con el surgimiento de liderazgos y
procesos de avanzada en la América Latina del siglo XXI, Borón salió del
claustro de la Universidad de Buenos Aires, donde es profesor titular, para
participar activamente en los principales debates de este tiempo, entre ellos
la situación y perspectivas de las fuerzas imperiales aquí y ahora.
-Solía decir el presidente Chávez que
el imperialismo estadounidense está ya en declive y que en este siglo se
registrará su desaparición. ¿Usted qué cree?
-Chávez tenía razón. En mi libro
demuestro cómo ha habido una decadencia irreversible del imperialismo
norteamericano. Pero, claro, eso no significa que se vaya a acabar en pocos
años ni que el proceso vaya a ser pacífico. Sostengo la tesis de que los
imperios se vuelven más violentos en la fase de decadencia. El imperio francés
nunca fue tan sanguinario como cuando libró su última gran guerra, en Argelia;
el imperio británico nunca fue tan sanguinario como cuando tuvo que combatir a
los nacionalistas de la India; el imperio español nunca fue tan sanguinario
como cuando intentó impedir la independencia de sus colonias americanas. En su
fase de declinación, todos los imperios se vuelven más virulentos y EEUU no
será la excepción.
CLODOVALDO HERNÁNDEZ
FOTOS VERONICA CANINO /AVN